miércoles 17 de septiembre de 2008

El desorden natural de las cosas

La entropía es la tendencia natural hacia el desorden. Todos los sistemas, sean que estén compuestos por números, partículas, átomos o personas, tienden naturalmente hacía el desorden o al caos debido a la interacción de sus componentes. El Universo se rige por la entropía, formulada en la segunda ley de la termodinámica, y por ente todos sus componentes también. Es realmente fantástica la idea de que todo en el universo esté predestinado físicamente a no mantenerse en el un estado inicial de manera fija sino que, y en lugar de tender al orden o hacia un estatus de privilegio elija (¿cabe la palabra elección aquí?) un sistema de desorden, de caos. La creación en su forma ubicua sostiene sus bases en la tendencia natural de las cosas a desordenarse.

La entropía se manifiesta desde en estados mínimos, como los moleculares, hasta en la manera en que nos comunicamos los seres humanos, la llamada entropía de la información. Pero esta tendencia se magnifica a medida que se magnifican los conceptos que se tratan. La entropía del ser humano es hasta atractiva si queremos mirarla así, estamos condicionados naturalmente a que nos desordenemos, sea como individuos, como sociedad, como masa latente, o como sea que nos presentemos. Las sociedades, mientras van creciendo se van encontrando con la entropía en distintas formas, las clases sociales, el sistema mismo, las leyes y los códigos implícitos empujan al todo a un estado de desorden. Las cosas parecen encontrar un camino natural para tender a una desigualdad de sus formas donde lo concreto se vuelve endeble para tornar un estado de calma o inercia en una curva descendente que es mesurable según el punto de vista que uno asuma, este punto de vista sugiere nada más un eje de medición que no altera lo que ocurre.

La información como un todo tampoco escapa a esta tendencia al desorden y en esta época que nos toca vivir esto es mucho más tangible y podemos comprobar la entropía en cualquier lugar o momento. Los canales que siguen la sucesión de hechos que luego toman forma como una información tienden naturalmente a “ensuciarse”, a cargarse de “ruido” que al interactuar con los datos los modifican, los desordenan y los condicionan a una interpretación que podría no ser la correcta. La era 2.0 es una maquina de generar entropía, la información está cada vez mas dispersa, mas desordenada, mas llena de ruido y de suciedad. Es la tendencia natural encontrar ahora información opuesta sobre el mismo punto en un sistema como es la Internet. La comunicación interpersonal misma tiende al desorden, la generación 2.0, por ejemplo, se comunica por nuevos códigos que son el resultado de un desorden del lenguaje que fue mutando, entrando en esa espiral que lo llevó al desorden por sobre sus reglas.

No es necesario abarcar un espectro tan amplio para demostrar el condicionamiento propio de los seres humanos a la entropía, no hay que olvidar que estamos hechos, a un nivel molecular, del mismo material del que está compuesto el Universo por lo tanto las reglas moleculares que se aplican a un gas inerte se pueden aplicar a nosotros, siempre a este nivel molecular propiamente dicho. La tendencia al desorden se aplica a las relaciones interpersonales que cada vez crecen en dificultad, en este bendito desorden que está instaurado en alguna línea de código oculta en algún lugar. Conseguir una estabilidad inerte, en un caso medio, o mejor un crecimiento en un sistema como una relación de pareja es algo que, y las estadísticas aunque las odie lo confirman, no se podría llamar común. Las relaciones entre las personas aquejan de un desorden que se refleja en soledades, en depresiones, en suicidios y en ratios de natalidad cada vez menores. Odiamos relacionarnos entre nosotros porque estas relaciones tienden al desorden, como todo en este mundo. Luchar contra la entropía exige al sistema generar una fuerza igual, para conseguir inercia, o mayor en sentido contrario para vencer la tendencia natural de las cosas y generar fuerza exige energía que debe salir de algún lado, esa energía está, a su vez, supeditada a factores internos individuales que para analizarlos tal vez deberíamos abrir otro dossier. La entropía al ser natural es el camino por defecto.

La entropía está ligada por lazos de pena y culpa, si se quiere ser pesimista, a la teoría del caos. Reitero, me resulta tan curioso como atractivo notar que el conjunto de normas físicas, químicas y matemáticas que arman el andamiaje universal sobre el cual nos movemos presente tanta tendencia a lo negativo, dirían los puristas, donde lo que por naturaleza ocurre no es la inercia, sería necio pensar en un estado inerte ya que las interacciones se producen a todo momento en niveles no perceptibles siquiera, sino que es una progresiva caída en espiral descendiente que condiciona la acción del sistema afectado. Es necesario hablar, enunciar si se desea, en un espectro amplio ya que esta tendencia ocupa, como enunciamos en párrafos anteriores, todos los aspectos de la naturaleza. No tocamos aquí la entropía como efecto puramente científico, miles de ensayos y enciclopedias así lo hacen, aquí buscamos escudriñar, termino curioso pero útil, los efectos de esta tendencia al desorden a un nivel interpersonal. Una vez que se tiene conocimiento de un plan universal que tiende a convertir los sistemas en desordenados es más fácil generar antípodas que permitan de alguna manera luchar contra el orden natural de las cosas que, en este caso, es el desorden.

Slds.

Liam