
Desde el vamos te digo, querido Andrés, que para escribirte estas líneas no me voy a poner el maquillaje de un periodista de rock, me quedaría mal y me haría ver ridículo, tampoco me voy a poner un traje sensibilero para repartir cursilerías y frases trilladas, quedate tranquilo. Te voy a hablar de tú a tú, voy a ser sincero, honesto y franco. Espero que en el proceso las palabras fluyan suaves como un solo de harmónica en un buen blues.
Mucha gente tuvo que esperar diez años para volverte a ver, algunos, menos afortunados, tuvimos que esperar un poco más ya que cuando viniste por última vez no pudimos ir a verte, sea por cuestiones de edad, que no es mi caso, de oportunidades o porque la novia quería ir al concierto de un español (100%) que canta canciones románticas y había que elegir entre uno y otro, lo que si yo tuve que esperar treinta años, cuatro meses y trece días para verte. Jo! Menudo calculo! La espera es siempre proporcional a las ganas del encuentro. Yo me sentí, desde el anuncio de tu venida, muchas veces, como un novio a la distancia sentado en el porche de la casa mirando hacia el horizonte y contando las horas. Mil veces. Mil horas.
Mientras tanto nos poníamos al día con tus palabras en las viejas ‘Rolling Stone’, con tu voz en los videos de YouTube y con tus recuerdos en los recortes de diarios amarillentos. Hasta que un día recibo un mail de un buen amigo y me dice “Che, y si le hacemos una entrevista a Calamaro?” obviamente le dije que estaba loco, pero al poco tiempo en Rock Box estábamos colgando la entrevista que nos respondiste. Era un buen presagio, había mucha onda, las cosas nos hacían pensar que lo que se venía iba a estar muy bueno. Caminamos las calles con los auriculares calzados en el oído mientras cantábamos, algunos sinvergüenzas como yo intentábamos hacerlo, tus canciones cruzando una calle o yendo a trabajar en el bus. Nos sorprendimos gritando descaradamente en la ducha el coro de “Estadio Azteca” mientras nuestras familias nos reclamaban la ausencia de talento para tales efectos.
Y un buen día llegó el gran día. Llegó gris y mustio. Llegó después de una tormenta y amenazaba en convertirse en otra. Los que fuimos a verte lo hicimos preparados para mojarnos con una lluvia de buenas proporciones, nos fuimos preparados para un viento del sur que vendría a soplar con mucha fuerza, y fuimos preparados. Ahora voy a dejar de hablar en plural. El preparativo para ese día fue para las inclemencias del tiempo, no me preparé de otra manera, no me preparé para lo que me pasó un poco más tarde, y de saberlo, no se si lo hubiera hecho, nah, no creo. La lluvia nunca vino, el viento no apareció jamás y ante tanta felicidad baje la guardia y cuando comenzó el show, tu show, me encontré desprotegido ante tanta fuerza.
Fui a tu show esperando rock, blues y tango pero me encontré con una propuesta tuya más. Canciones de por medio hiciste que recuerdos que estaban guardaditos en una caja de zapatos arriba del placard vengan al presente, con tus letras (y las de los que cantas) te metiste en sentimientos nuevos, en momentos pasados felices, en cicatrices que creía sanas, en los chicos que ya no están y en ellas, que siempre están. Me hiciste viajar por diferentes épocas de mi vida, por aquellos lugares que pensé que no pisaría más, por ciudades y pueblos, por momentos y finales, por risas y llantos, por dolores y sorpresas.
Paloma y fuegos artificiales hicieron que te dijéramos adiós.
Yo te escribo esto porque luego del “adiós” siempre viene bien un “gracias”.
Mucha gente tuvo que esperar diez años para volverte a ver, algunos, menos afortunados, tuvimos que esperar un poco más ya que cuando viniste por última vez no pudimos ir a verte, sea por cuestiones de edad, que no es mi caso, de oportunidades o porque la novia quería ir al concierto de un español (100%) que canta canciones románticas y había que elegir entre uno y otro, lo que si yo tuve que esperar treinta años, cuatro meses y trece días para verte. Jo! Menudo calculo! La espera es siempre proporcional a las ganas del encuentro. Yo me sentí, desde el anuncio de tu venida, muchas veces, como un novio a la distancia sentado en el porche de la casa mirando hacia el horizonte y contando las horas. Mil veces. Mil horas.
Mientras tanto nos poníamos al día con tus palabras en las viejas ‘Rolling Stone’, con tu voz en los videos de YouTube y con tus recuerdos en los recortes de diarios amarillentos. Hasta que un día recibo un mail de un buen amigo y me dice “Che, y si le hacemos una entrevista a Calamaro?” obviamente le dije que estaba loco, pero al poco tiempo en Rock Box estábamos colgando la entrevista que nos respondiste. Era un buen presagio, había mucha onda, las cosas nos hacían pensar que lo que se venía iba a estar muy bueno. Caminamos las calles con los auriculares calzados en el oído mientras cantábamos, algunos sinvergüenzas como yo intentábamos hacerlo, tus canciones cruzando una calle o yendo a trabajar en el bus. Nos sorprendimos gritando descaradamente en la ducha el coro de “Estadio Azteca” mientras nuestras familias nos reclamaban la ausencia de talento para tales efectos.
Y un buen día llegó el gran día. Llegó gris y mustio. Llegó después de una tormenta y amenazaba en convertirse en otra. Los que fuimos a verte lo hicimos preparados para mojarnos con una lluvia de buenas proporciones, nos fuimos preparados para un viento del sur que vendría a soplar con mucha fuerza, y fuimos preparados. Ahora voy a dejar de hablar en plural. El preparativo para ese día fue para las inclemencias del tiempo, no me preparé de otra manera, no me preparé para lo que me pasó un poco más tarde, y de saberlo, no se si lo hubiera hecho, nah, no creo. La lluvia nunca vino, el viento no apareció jamás y ante tanta felicidad baje la guardia y cuando comenzó el show, tu show, me encontré desprotegido ante tanta fuerza.
Fui a tu show esperando rock, blues y tango pero me encontré con una propuesta tuya más. Canciones de por medio hiciste que recuerdos que estaban guardaditos en una caja de zapatos arriba del placard vengan al presente, con tus letras (y las de los que cantas) te metiste en sentimientos nuevos, en momentos pasados felices, en cicatrices que creía sanas, en los chicos que ya no están y en ellas, que siempre están. Me hiciste viajar por diferentes épocas de mi vida, por aquellos lugares que pensé que no pisaría más, por ciudades y pueblos, por momentos y finales, por risas y llantos, por dolores y sorpresas.
Paloma y fuegos artificiales hicieron que te dijéramos adiós.
Yo te escribo esto porque luego del “adiós” siempre viene bien un “gracias”.
Gracias por volver.
Liam



6 comentarios:
Excelente!
se me erizaron los pelitos con tan solo recordar!
Emocionante e INOLVIDABLE!
(cele calamaro)
Se siente tu alegría inmensa, digo alegría intentando resumir tus sentimientos en una sola palabra, pero en realidad por lo que veo no tiene nombre lo que pasaste, y no se podría palpar en papeles o en bytes.
Abrazo y ojalá repitas tal experiencia.
Siempre lograste trasmitir eso mismo que vos sentis, esta no es la excepcion, en tus palabras se leen a la perfección las emociones vividas ese dia.
Me pone muy contenta que lo hayas disfrutado tanto,
valieron la pena esos 30 años... cuatro meses... y no se cuantos dias para que ocurra tan lindo encuentro.
"...te cambio tu corazón por el mio..."
Calamaro es DIOS
naaa... yo soy Dios, yo dije primero que el... jajaja
Uhmmm.... Hay mejores. Pero buah.. Nadie es perfecto.
FUERZA G.R PARA LA PROXIMA!!!
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