
Hace veinte años, un día como hoy, este país amaneció diferente. Diferente en el buen sentido de la palabra. Era una sensación extraña, la gente sentía por primera vez lo que era la libertad, podía expresar lo que sentía y lo que pensaba sin temor a represalias. Ser libre luego de estar bajo el yugo de una de las más terribles dictaduras de America Latina era una sensación rara, hermosamente rara.
Los detalles del derrocamiento del Tiranosaurio los recuerdo vivamente aunque yo tenía nada más diez años en ese momento. Mi abuelo, dirigente del Partido Revolucionario Febrerista, estaba en mi casa, ubicada en el microcentro de la ciudad de Asunción, pasando vacaciones con nosotros y de paso ocultándose de la Policía Stronista que tenía expresas directivas de llevarlo al Cuartel Central, como ya había ocurrido varias veces, mis hermanos menores no tenían idea de lo que estaba pasando pero yo ya tenia cierta capacidad de comprensión y sabía que el nerviosismo de mis padres era por algo más. Es sabido que ciertos grupos ajenos a la confianza del entonces Presidente Stroessner tenían noticias de que iba a haber un levantamiento armado para derrocar el gobierno de “El Rubio”, aparentemente mi abuelo tenía dicha información y por ende estábamos en la casa bastante nerviosos, se podía palpar la tensión. Cerca del final de la tarde nos encerraron a los hermanos en una de las piezas grandes y mis padres entraban y salían y se decían cosas al oído en el proceso, era evidente que estaba pasando algo. Cuando cayó la noche y la Operación “33” tomaba su curso ya era obvio que había un movimiento militar en las calles, fue entonces cuando mi padre nos dijo “Le están haciendo un golpe de estado a Stroessner”, en un principio, para un niño de diez años, eso no tiene mucha importancia, pero cuando comencé a escuchar los sonidos de las tanquetas bajando por Tte. Fariña, las ráfagas de ametralladoras, explosiones, cañonazos, los vuelos de los Xavantes, etc., ahí supe que era algo GRANDE lo que estaba ocurriendo, “hay guerra” me dijo mi hermanito, “parece que si” le respondí. Mis padres y mi abuelo seguían atentamente por radio los acontecimientos, festejaban algunas noticias y se preocupaban por otras, pero cuando el ya fallecido Gral. Andrés Rodríguez hizo su proclama, comenzando con la ahora famosísima frase “Hemos salido de nuestros cuarteles…”, ahí mi casa, el barrio, la ciudad explotó, gente en la calle, gritando, cantando, llorando, eso fue increíble, hasta ahora se me pone la piel de gallina al recordarlo, ahora comprendo bien lo que vivimos esa noche y a la mañana, al salir en el auto con mi padre a recorrer el centro y ver que todavía había charcos de sangre y casquillos de fusiles (todavía tengo algunos guardados), en su momento me puse contento porque veía a mis padres y a mi abuelo contentos, hoy me pongo contento porque pude vivir el fin de una era siniestra de nuestro país.
Mucha gente dice que el “Golpe” fue una orquestación, una mentira, “fue bola” me dice un amigo, que no pasó, que fue un teatro. Yo no creo eso, a mi parecer esa gesta fue real, ahora, los motivos de los “Carlos” y los “Víctor” puede que no hayan sido los que nos quisieron vender, pero en lo que todos coincidimos es que gracias a ello pudimos ponerle final a una dictadura asesina que duró 35 años y que dejó como legado al Paraguay la más profunda miseria económica, una sociedad totalmente devastada ética y moralmente, un sistema educativo que estaba armado para crear burros, un plan de salud inexistente que generaba enfermos, unas hidroeléctricas vendidas a los imperios vecinos y una larga lista de etcéteras que nos siguen pasando la factura hoy, veinte años después.
Lo importante es no olvidar lo que vivimos, lo importante es mirar para adelante si dejar de tener en cuenta lo que nos pasó. Es hora de que toda la carga negativa que absorbimos como país en todos los años de la dictadura sea transformada en energía positiva y constructiva, y para ello debemos estar en contacto con el pueblo que fuimos, para entender el pueblo que somos y poder encaminarnos a ser el pueblo que debemos ser, por nosotros, nuestros hijos y nietos.
Slds.
Liam



2 comentarios:
Emotivo relato, bastante. Hasta ahora me da piel de gallina al escuchar la grabación "Hemos salido de nuestros cuarteles..." e independientemente de si estos señores estaban "actuando" o no, le debemos mucho.
La humillación, la indignante situación del Paraguay a la que sometió este dictador la estamos pagando todos hasta ahora... la idiosincrasia en la cultura popular y en el manejo de las instituciones perjudican enormemente al país en varios aspectos.
Hoy, 20 años después, seguimos peleando para olvidar esas raíces, arrancarlas y ser de nuevo un país valiente y glorioso que dictan los libros de historia (como dirían juan) de cómo era el Paraguay (y por ende el paraguayo) antes de la llegada del "rubio".
Che, pobre San Blás, le robaron la fecha- Saludos
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