Aunque en un primer momento no lo parezca así es bastante difícil hablar de cual fue el peor de los legados de los sesenta años de gobierno partidario de la ANR. Hablar de esos sesenta años marcados especialmente por las más de tres décadas de Alfredo Stroessner al poder suscita una serie de sucesos que serían difíciles de cubrir de una sola pasada. La estadía de un partido en el gobierno de un país durante tanto tiempo indefectiblemente generará eventos positivos, propios de la gestión gubernamental más básica y otros negativos, propios de la prostitución de las instituciones, de la vejación de la constitución nacional, de la maldita codicia que tanto flagela al ser humano y una larga lista de etcéteras. Hablar de lo peor de sesenta años del gobierno de un partido es una tarea que exige demasiado. Algunos podrán, en defensa, esgrimir que el gobierno no era partidario sino unitario, que eran los hombres los que tomaban las decisiones, no el partido como un ente total, pero así también seria necio negar que durante los sesenta años de gobiernos colorados los hombres que nos gobernaron se alinearon fielmente a las voluntades del partido. El poder era fáctico.
Sobre los muertos y desaparecidos se ha escrito todo, existen sobradas evidencias de las prácticas nefastas que llevaron al gobierno de Stroessner, principal actor de esas seis infames décadas, a cometer todo tipo de atropellos contra la vida, los derechos humanos y las libertades más básicas de la ciudadanía Muchos dirán, convencidos ellos, que los muertos, los desaparecidos y los torturados fueron lo peor todo. También, en el mismo tenor, la prensa ha hecho eco notorio de todos los negociados que durante todos los gobiernos colorados se han llevado a cabo a expensas de nuestra soberanía, de nuestro nombre como país, de nuestro futuro. Se regaló tierra, agua y aire a precios irrisorios a los amigos y a los amigos de ellos. Se creo un sistema de prebendarismo inmenso que, con el permiso de los jefes de turno, fue entregando paulatinamente y sin vergüenza alguna recursos naturales, soberanía energética, instituciones, contratos, licitaciones y una larga lista de etcéteras. En fin, siempre se buscan números para explicar el costo de los sesenta años de ANR al poder y se deja de lado lo que a mi parecer es el peor legado de tanta partidocracia colorada.
El peor regalo que nos dejó lo arriba expuesto fue el cambio en la identidad de por sí casi ausente del paraguayo. Ser testigos de tanta práctica corrupta, de tanta ausencia de respeto por la legalidad nos terminó convirtiendo en partes de ese proceso que, al ser más grande que todo, fagocitó sin dudar la capacidad de discernir de los habitantes de la república. Recuerdo haber leído viejos libros en donde al paraguayo se lo caracterizaba como un tipo honesto, trabajador, cordial, que te recibía en su casa sin problemas y te daba de comer si así lo necesitabas, era un tipo “buena onda”, cabal, correcto. Pero una sociedad que de a poco y durante tanto tiempo fue sumergida en un marco de completa ausencia de los valores arriba citados termina indefectiblemente por perderlos e inclusive llega al punto de despreciarlos. El peor legado de las seis décadas de gobierno de la ANR fue el cambio del marco de referencia para la sociedad en lo que a valores se refiere. Se instaló la cultura de lo ilegal, del desprecio por las leyes, de la obsecuencia por el poderoso, etc. Durante décadas se entregó un mensaje a la sociedad por todos los medios y la misma termina adoptando ese comportamiento como propio y lo valida en su escala moral para poder aplicarlo a su cotidianidad. La gente, en las calles, en sus casas, aprendió a apreciar y a ver con ojos correctos la habilidad para esquivar la ley en beneficio propio y a eso lo llamó “viveza paraguaya”. Entonces hoy escuchamos frecuentemente “el paraguayo es vivo” siendo que deberíamos estar escuchando “el paraguayo tiene una total ausencia de respeto por la legalidad”. Una democracia en la que la gran mayoría de los habitantes de la república eluden de manera voluntaria el marco legal de la misma no puede avanzar nunca.
Habernos dejado rotos ética y moralmente como sociedad fue el principal logro de los sesenta años de gobierno de la ANR. La misma clase política actual es evidencia de ese quiebre social. La inmensa mayoría de los políticos que ostentaron cargos y que no son de las filas partidarias de la Asociación Nacional Republicana cometieron los mismos vicios, algunos inclusive redoblaron esfuerzos para superar en logros negativos a sus predecesores. La cuestión es tan amplia que hoy día ya no es cromática, no es la ANR la que está en el poder hoy, son otros, iguales o peores, pero que son hijos del mismo quiebre social impuesto desde la Junta de Gobierno colorada. Somos, como pueblo, los hijos de unos padres abusadores, llenos de vicios y malas costumbres, vivimos y nos criamos en un garito, con sobres corriendo debajo de la mesa y malos modales sobre la misma. Desde las filas de la ANR se escuchan gritos de que acusar a las seis décadas de gobierno colorado de todos nuestros males es una excusa, pero no es así, el costo social, ético y moral de todos esos años fue demasiado alto y nos dejó una marca que debemos aprender a borrar.
Que quede bien en claro que este ejercicio intenta navegar por los motivos de nuestra condición reticente a la legalidad y no es una excusa. Una vez que comprendamos el origen de nuestros males podemos atacarlos y así desligarnos de los vicios que nos encadenan a un presente mediocre, a un futuro incierto. Comprender que debemos aspirar a más, que debemos inspirarnos no en los grandes ladrones sino en los que contribuyeron positivamente al país es una tarea pendiente de todos y cada uno de los que hoy habitamos este país si es que queremos salir adelante. Hay que recuperar los valores perdidos y darles el lugar que se merecen, solamente así, y con mucho trabajo podemos esperar un futuro mejor.
Slds.
Liam
sábado 4 de julio de 2009
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3 comentarios:
Indeed.
But... first the leeches must be destroyed.
And... second, I admire your hope.
Culpar de la idiosincracia del paraguayo actual, corrupto e ilegal, a un gobierno de 60 años es (para ser lo más suave posible) muy simplista.
Como si ya después de la guerra el paraguayo no perdió identidad, el paraguayo de los libros de historia, valiente y hospitalario no había desaparecido... como si los gobiernos de los Ayala ya no eran corruptos.
Es de suponer entonces, según esta lógica, que en todos los países de latinoamérica, hubo una ANR gobernando durante 60 años que los convirtió en corruptos e ilegales?? Porque la corrupción es una "virtud" de TODOS los latinoamericanos, no del paraguayo.
Y los liberales e izquierdistas corruptos de hoy, deben su deshonestidad al partido colorado? Por favor.
Es cierto, hay cuota de resposabilidad, pero como se decía ya en el thread al principio, de los hombres, no del partido, y el día que los valores se recuperen, DE TODOS los paraguayos, el partido colorado recuperará su grandeza.
Saludos.
Muy buen material.. el paraguayo fué adoptando, a mi entender, una identidad hipócrita, sumisa y conformista desde el final del Genocidio de la Triple Alianza.
@mhaRc estoy parcialmente de acuerdo contigo, no TODO se debe a los 60 años de gobierno, pero sí LA MAYOR parte de nuestra herencia actual, las generaciones de la clase política corrupta (sin distinción de colores ni pseudocredos) que actualmente esta nutriendo sus cuentas bancarias (diputados, senadores, jueces) con el dinero de la poca gente que intenta ser "transparente" y paga sus impuestos.
Pero no es la grandeza de NINGÚN COLOR lo que debemos recuperar, SINO LA GRANDEZA DEL PARAGUAYO, DEL VENCER O MORIR! a medida que la gente vaya comprendiendo esto saldremos adelante.-
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