viernes 19 de septiembre de 2008

La Capilla de Todos

Un error bastante común que cometen la comunidad religiosa es el de asumir que todos somos religiosos, que todos profesamos su fe y que por lo tanto todos aplaudiremos sus acciones a favor de los fieles. Newsflash. No todos somos religiosos.

El decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Asunción Antonio Rodríguez Rojas decidió construir una capilla católica en el predio de la UNA lo que provocó la reacción de alumnos al apuntar que existen otras necesidades actualmente en la facultad estatal. Estas necesidades obedecen a carencias en el sector de mobiliario y bibliotecario antes que de apuntalamiento de la fe particular de un sector religioso específico.

Una vez más la fe religiosa hace ingerencia en un ámbito estatal que, como tal, debe ser estrictamente laico. El decano de la Facultad de Economía se defiende diciendo que la capilla fue construida con donaciones privadas de sectores del alumnado y que por lo tanto nada se puede reclamar. Pero lo que este señor se olvida es que dicha capilla está construida en un terreno que nos pertenece a todos los paraguayos al ser propiedad del Estado y por lo tanto, si bien solicitó un permiso, la construcción no tendría que haberse realizado ya que el Estado, laico y aconfesional desde la constituyente del 1992, no tiene porque hacer favoritismos a una organización religiosa con suficientes recursos, como es la Iglesia Católica, como para comprar un terreno y hacer su capilla en suelo propio.

"Esto no es un prostíbulo, sino una capilla"

Argumenta Don Rodríguez Rojas al mostrarse extrañado por las críticas vertidas en su contra por la construcción de la capilla y luego se despacha con un GENIAL “Todos somos cristianos”. Newsflash again. NO TODOS SOMOS CRISTIANOS. Si hay algo que me pone los pelos de la nuca de punta son los chupacirios que asumen que toda la humanidad es igual de fabulesca que ellos. Pues, en ese caso, le aviso que NO. Ud. como decano de una institución educativa ESTATAL debe mantener al margen de sus funciones su credo y dedicarse a lo que es importante, a mejorar la calidad de la educación que se brinda por ejemplo. Ese espacio ahora ocupado por la capilla podría estar ocupado por una biblioteca virtual con decenas de computadoras conectadas a la Internet por ejemplo, los alumnos le podrán decir mejor cuales son sus necesidades educacionales, para sus necesidades religiosas ya tienen una estructura secular a la cual acudir, Ud. ocúpese de cumplir las funciones para las que se lo contrató.

El Estado no debe permitir que las garras de la fe ciega de un hombre que se considera portador de la cruz de Cristo en esta carrera de postas religiosa se salga con la suya. Es una ofensa a la laicidad que debe reinar en la República y para los alumnos de otras religiones, si Sr. Decano, existen otras religiones ¡y las debe respetar!, que ven como se hace favoritismos con “el Dios favorito de los paraguayos”. Ud. reclama que los que lo atacan son personas de otras religiones y gente que no cree en Dios y efectivamente, en mi caso, que es el segundo, es así. Pero estoy en todo mi derecho de hacerlo porque soy ciudadano de un Estado Laico que se debe hacer respetar.

Es una vergüenza ver como una vez mas se dejan las cuestiones verdaderamente importantes de lado y se prioriza las coyunturales. Los alumnos van a la Universidad a buscar educación, para la Fe ya tenemos suficientes Iglesias desparramadas por la ciudad. Si a alguien le tiene que rendir cuentas de sus acciones ahora es al Estado ya que Ud. es un empleado público antes que un Siervo de Dios así que por favor dedíquese a trabajar en pos de una educación mejor que para trabajar por Dios ya están los curas.

Slds.

Liam

miércoles 17 de septiembre de 2008

El desorden natural de las cosas

La entropía es la tendencia natural hacia el desorden. Todos los sistemas, sean que estén compuestos por números, partículas, átomos o personas, tienden naturalmente hacía el desorden o al caos debido a la interacción de sus componentes. El Universo se rige por la entropía, formulada en la segunda ley de la termodinámica, y por ente todos sus componentes también. Es realmente fantástica la idea de que todo en el universo esté predestinado físicamente a no mantenerse en el un estado inicial de manera fija sino que, y en lugar de tender al orden o hacia un estatus de privilegio elija (¿cabe la palabra elección aquí?) un sistema de desorden, de caos. La creación en su forma ubicua sostiene sus bases en la tendencia natural de las cosas a desordenarse.

La entropía se manifiesta desde en estados mínimos, como los moleculares, hasta en la manera en que nos comunicamos los seres humanos, la llamada entropía de la información. Pero esta tendencia se magnifica a medida que se magnifican los conceptos que se tratan. La entropía del ser humano es hasta atractiva si queremos mirarla así, estamos condicionados naturalmente a que nos desordenemos, sea como individuos, como sociedad, como masa latente, o como sea que nos presentemos. Las sociedades, mientras van creciendo se van encontrando con la entropía en distintas formas, las clases sociales, el sistema mismo, las leyes y los códigos implícitos empujan al todo a un estado de desorden. Las cosas parecen encontrar un camino natural para tender a una desigualdad de sus formas donde lo concreto se vuelve endeble para tornar un estado de calma o inercia en una curva descendente que es mesurable según el punto de vista que uno asuma, este punto de vista sugiere nada más un eje de medición que no altera lo que ocurre.

La información como un todo tampoco escapa a esta tendencia al desorden y en esta época que nos toca vivir esto es mucho más tangible y podemos comprobar la entropía en cualquier lugar o momento. Los canales que siguen la sucesión de hechos que luego toman forma como una información tienden naturalmente a “ensuciarse”, a cargarse de “ruido” que al interactuar con los datos los modifican, los desordenan y los condicionan a una interpretación que podría no ser la correcta. La era 2.0 es una maquina de generar entropía, la información está cada vez mas dispersa, mas desordenada, mas llena de ruido y de suciedad. Es la tendencia natural encontrar ahora información opuesta sobre el mismo punto en un sistema como es la Internet. La comunicación interpersonal misma tiende al desorden, la generación 2.0, por ejemplo, se comunica por nuevos códigos que son el resultado de un desorden del lenguaje que fue mutando, entrando en esa espiral que lo llevó al desorden por sobre sus reglas.

No es necesario abarcar un espectro tan amplio para demostrar el condicionamiento propio de los seres humanos a la entropía, no hay que olvidar que estamos hechos, a un nivel molecular, del mismo material del que está compuesto el Universo por lo tanto las reglas moleculares que se aplican a un gas inerte se pueden aplicar a nosotros, siempre a este nivel molecular propiamente dicho. La tendencia al desorden se aplica a las relaciones interpersonales que cada vez crecen en dificultad, en este bendito desorden que está instaurado en alguna línea de código oculta en algún lugar. Conseguir una estabilidad inerte, en un caso medio, o mejor un crecimiento en un sistema como una relación de pareja es algo que, y las estadísticas aunque las odie lo confirman, no se podría llamar común. Las relaciones entre las personas aquejan de un desorden que se refleja en soledades, en depresiones, en suicidios y en ratios de natalidad cada vez menores. Odiamos relacionarnos entre nosotros porque estas relaciones tienden al desorden, como todo en este mundo. Luchar contra la entropía exige al sistema generar una fuerza igual, para conseguir inercia, o mayor en sentido contrario para vencer la tendencia natural de las cosas y generar fuerza exige energía que debe salir de algún lado, esa energía está, a su vez, supeditada a factores internos individuales que para analizarlos tal vez deberíamos abrir otro dossier. La entropía al ser natural es el camino por defecto.

La entropía está ligada por lazos de pena y culpa, si se quiere ser pesimista, a la teoría del caos. Reitero, me resulta tan curioso como atractivo notar que el conjunto de normas físicas, químicas y matemáticas que arman el andamiaje universal sobre el cual nos movemos presente tanta tendencia a lo negativo, dirían los puristas, donde lo que por naturaleza ocurre no es la inercia, sería necio pensar en un estado inerte ya que las interacciones se producen a todo momento en niveles no perceptibles siquiera, sino que es una progresiva caída en espiral descendiente que condiciona la acción del sistema afectado. Es necesario hablar, enunciar si se desea, en un espectro amplio ya que esta tendencia ocupa, como enunciamos en párrafos anteriores, todos los aspectos de la naturaleza. No tocamos aquí la entropía como efecto puramente científico, miles de ensayos y enciclopedias así lo hacen, aquí buscamos escudriñar, termino curioso pero útil, los efectos de esta tendencia al desorden a un nivel interpersonal. Una vez que se tiene conocimiento de un plan universal que tiende a convertir los sistemas en desordenados es más fácil generar antípodas que permitan de alguna manera luchar contra el orden natural de las cosas que, en este caso, es el desorden.

Slds.

Liam

martes 9 de septiembre de 2008

Visitando el pasado.

Recuerdo claramente cuando, de pequeño, iban a llegar a visitas a casa. Mi madre y mi abuela andaban alborotadas por la casa dejándola presentable, en condiciones dignas de las visitas, que hasta donde recuerdo estaban lejos de ser de miembros de alguna realeza lejana, el objetivo era que mostremos nuestra mejor cara, nuestro peinado más arreglado y nuestros cachetes lo más rosados posibles. Luego venía una lista interminable de cosas que no debíamos hacer mientras las visitas duraban, no decir malas palabras, no masticar con la boca abierta, no respirar fuerte, no realizar movimientos bruscos, en síntesis nuestras opciones eran sentarnos y simular ser la estatua de madera del Pombero que adornaba la antesala. A la visita se la trataba como se nos trataba a nosotros pocas veces, ¿navidad quizás?, comían las mejores frutas y disfrutaban de las chipás mas frescas y calentitas, nosotros estábamos relegados a comer lo que el gato no quiso en ese momento. Nuestros momentáneos visitantes no debían mover un dedo en la casa, todo se les hacía llegar con prisa y con una amabilidad elegante, de mayordomo de alguna maison francesa en el siglo de las luces. Obviamente esos mayordomos improvisados éramos nosotros, pequeños chavales que en lugar de estar sucios y divirtiéndose estaban fungiendo de servidumbre ausente en una casa donde nunca la hubo. Sostener la bandeja con ambas manos, tener la cabeza erguida en todo momento, brindar una sonrisa que haría que los abogados de Colgate nos demanden, etc., eran los consejos de la madre de madre, de mi abuela. No sea que las visitas no vean como somos todos los días, porque sí, en la casa nuestra todos los días nos deleitábamos con manjares y tomábamos té helado con hojas de menta adornando el vaso mientras los pequeñuelos revoloteaban tratando de brindar servicio a los adultos. ¡Ho visto hipocresía!

El status de ser “visita” en “casa ajena” daba a uno una cierta sensación de importancia, uno se sentía cuidado, querido, mimado como el primer nieto recién nacido en una familia numerosa. Uno llevaba sus mejores vestidos cuando iba de visita. Recuerdo que cuando íbamos a la casa de los amigos de mis padres debíamos vestir unas cruzas horripilantes entre un vestido de “adulto” y un niño, terminábamos pareciendo personas adultas en miniatura, nada más desagradable a la vista cuando las fotos de antaño hacen acto de presencia en los encuentros familiares. Esa combinación de camisa blanca con volados, traje gris y moñito rojo todavía me acecha en mis pesadillas de tanto en tanto. Madre nos ponía en fila antes de salir de casa y a cada uno nos daba las instrucciones de cómo debíamos comportarnos al llegar, como debíamos saludar, que debíamos sonreír y dar las gracias y que todo ello no debería de parecer falso ni ensayado, era mucho mas importante parecer que ser, éramos niños por el amor de Dios. El último de la fila antes de subir al auto era yo, el mayor, el responsable, el que debía de cuidar el comportamiento mío y el de mis hermanos, que eran lo más parecido al demonio de tasmania en versión humana, cosa que provocaba los primeros conatos de estrés en mi corta existencia.

Ir de visita a la casa de los amigos de mis padres era de lo más aburrido del mundo. Primero por lo arriba mencionado, el proceso de tortura dividido en actos para vestirnos, para recibir instrucciones y para seguir escuchándolas en el auto mientras íbamos cruzando la ciudad. Luego, ya en camino, escuchábamos a madre contando a padre unas historias sobre sus amigos, sobre las esposas de sus amigos, sobre las caderas gordas y los vestidos de las esposas de sus amigos. Usualmente no eran comentarios que a los afectados les hubiera gustado escuchar, es más me pareció siempre tan extraño que luego de criticar tan vehementemente el perfume, que por lo que madre decía no era caro, ella le diera un abrazo tan cercano a la esposa del amigo de mi padre. Cosas de adultos supongo. Una vez en la casa las cosas no se ponían mejores, sino todo lo contrario. No se que extraña atracción tenían los mayores con nuestras mejillas, que luego de ponerse rojas por el manoseo seguían con el mismo tinte debido a los nervios por el abuso táctil de las que fueron víctima. Cuando los mayores estaban instalados nos enviaban a jugar con los hijos de la pareja visitada de turno y era en ese momento donde las cosas se ponían verdaderamente insoportables.

Niños, no se como tanta crueldad puede caber en un cuerpo tan pequeño. Los adultos parecen olvidarse con el paso del tiempo lo difícil que es para un niño relacionarse con otro cuando no existe un trato continuo como es en el caso de los vecinos o de los primos por ejemplo. “Vayan a jugar” nos decían como si con eso bastase para que los silencios incómodos y las miradas juzgadoras desaparezcan. Entablar conversación con los varones era algo mucho más simple digamos, bastaba con poner un autito o un par de ellos entre los dos niños que la dinámica aparecía sola, creo que ahora sigue siendo igual entre dos adultos desconocidos, basta con reemplazar el autito por una botella de cerveza y el efecto es el mismo. Pero cuando eran todas hijas la cosa era diferente, a esa edad las niñas son enemigas de los niños y viceversa, no hay autito que pueda servir de mediador en este caso. Irónicamente la pareja más cercana a mis padres tenía tres nenas y nosotros éramos tres varones. Lo que debía haber sido una jornada lúdica se transformaba en un concurso de llanto, de lucha libre y de juegos de tiro al blanco donde el blanco éramos nosotros o ellas, dependiendo de quien estaba en el ataque en ese momento. Nunca me voy a olvidar cuando al volver a casa me quejé con padre de que la hija mayor de la familia donde íbamos siempre me hacía la vida imposible con sus pellizcos y guiños de nena mayor que entraba a la coquetería, padre, que era y sigue siendo hombre de pocas pero claras palabras me dijo “Devolvele la cortesía”. Al principio no entendí muy bien de que se trataba esto de devolver la cortesía pero asumí que era “Si te molesta pegale”. Cuando en la siguiente cena en la casa de dicha familia volví orgulloso a la sala a mostrar a mi padre cerca de medio kilo de pelo recién extraído de la cabeza de mí, por entonces, enemiga íntima creo que detrás de la cara de vergüenza que puso había un dejo de orgullo.

Siempre odié ir de visitas o recibirlas en mi casa mientras era niño, no me sentía cómodo con todo el protocolo formal de aparentar lo que no se es para poder encajar en paradigmas sociales que son cosas de otro planeta cuando uno es un chaval. Por eso siempre prometí que de tener un hijo nunca lo sometería a este tipo de experiencias. Hoy tengo uno y sigo manteniéndola, no vamos de visita a la casa de nadie, no juega con niños con los que no quiere jugar y sus cachetes siguen blancos y relucientes. Espero que cuando sea grande me lo agradezca.

Slds.

Liam

miércoles 3 de septiembre de 2008

It's so simple sometimes...

“If it was so, it might be; and if it were so, it would be; but as it isn’t, it ain’t. That’s logic.”

Via Catharsis Paradiso

lunes 1 de septiembre de 2008

Mitaí akahata.


Con los sucesos que están ocurriendo en el Senado es imposible no ponerse a hablar de política. Había decido no tocar este tema por un tiempo, el caos de las elecciones y su posterior desenlace me dejaron algo harto pero es hora de volver. La crisis política desatada en el Senado por un complot armado entre el presidente de dicha cámara, los Oviedistas y Nicanor Duarte Frutos ha causado el primer resquebraje de la gobernabilidad del Presidente Lugo, o al menos esa es la intención clara demostrada por las partes envueltas en este conato de golpe de estado.

Podría tratar temas meramente políticos y explicar una secuencia de hechos que llevan a que el ex presidente Duarte Frutes jure como Senador Activo pero la editorial de ABC Color me ha ahorrado mucho trabajo así que quienes quieran leerla pues tendrán un panorama mucho mas claro, si es que no han seguido de cerca lo acontecido. Yo, por mi parte, me voy a centrar en las cuestiones morales y éticas detrás de la manipulación de hechos, de personas, de votos y de voluntades que se tienden como carpa de circo para brindar el escenario correcto en el cual se desenvuelve esta intentona de Nicanor de posicionarse cerca del Poder.

Lo que a priori se muestra más que evidente es que para el Partido Colorado no le importa en lo más mínimo el bienestar del país o de sus habitantes. Una vez más dejan en claro que son ellos y solamente ellos los que importan, que el Partido es más grande que el País y que el retorno del Partido al poder es el fin de todos sus movimientos y acciones. Porque una vez que el Partido retorne al poder el poder lo tendrán ellos y ya sabemos muy bien lo que los Colorados hacen con el poder. Abusan de el. Se posicionan como súper-hombres por encima de la ley, se elevan ellos mismos a un altar intocable donde solamente los de su clase, los otros colorados, pueden subir para que ellos también puedan abusar de ese poder.

Las ganas que tenía Nicanor de jurar como Senador activo, en cualquier escenario, ideal o no, no eran un capricho de infante, que también los tuvo este señor, sino que era la manea ideal de posicionarse estratégicamente, como misiles rusos en Cuba, para mirar de cerca el sillón que su yegua de batalla perdió el 20 de Abril pasado. Nicanor desea volver al poder cuanto antes y de cualquier manera posible, para ello debe jurar como senador activo y utilizar la alianza ANR/UNACE para ello y de ahí juicios políticos a Lugo y a Federico y listo el pollo. El partido de vuelta al poder. Nicanor de vuelta al poder. Esperemos que en algún momento de esta timeline se les pinche el globo a estos señores.

La actitud desfachatada con la que, a todas luces, intentan poner en movimiento una serie de eventos que lleven al quiebre institucional de la república no hace mas que confirmar lo que todos sabemos. La ANR es una asociación de personas inescrupulosas cuyo único fin es llegar al poder para poder abusar de el. Al político colorado (aclaro que acá incluyo a los del UNACE que son todos colorados al fin y al cabo) no le importa el país, no le importa el resto de los paraguayos, ni siquiera le importa su correligionario que no tiene algo de poder que darle. Estamos en una lucha entre dos clases grandes de políticos, los que quieren el bien de todos y los que quieren el bien propio. Nosotros, los que elegimos en las urnas a los primeros debemos ser partícipes de una lucha activa en contra de los segundos y debemos, a toda cosa, defender lo que logramos con nuestros votos.

No dejemos que una partida de inmorales e inescrupulosos maquiavélicos cegados en una locura de poder nos roben lo que nos corresponde. Es hora de madurar y ponernos los pantalones como sociedad crítica y demostrar a quienes intentan hacernos retroceder el gran paso que dimos que no vamos a dejarnos manipular, que somos un pueblo que de verdad quiere cambiar y que no va a tolerar a ladrones mesiánicos ensalzados en su ego magnificado que intenten socavar su voluntad.

El otrora gran Partido Colorado tenía la chance, la posibilidad, la oportunidad enorme de lavarse la cara y de ponerse a trabajar por el país, de demostrar que en su seno existen personas de bien que buscan el mejor de los beneficios para todos, pero en su lugar planean alianzas estratégicas para quebrar la institucionalidad de la república de modo a instaurar por la fuerza a quien fue prácticamente rajado del sillón de los López. Por lo visto, lastimosamente, hay cosas que nunca van a cambiar en la ANR o no lo harán al menos que no lo saquen a Nicanor Duarte Frutos de sus filas a las patadas, como se merece.

Slds.

Liam