martes 24 de marzo de 2009

La Reforma Agraria en Paraguay



Intentar abarcar en un solo articulo las distintas aristas que posee una problemática socioeconómica como la Reforma Agraria no sería solamente una quijotada, sino que además un ejercicio de soberbia, ya que solamente en estos últimos quince años se han escrito decenas de volúmenes sobre el proyecto de reordenamiento de las estructuras del agro que tanto necesita nuestro país. Por lo tanto este será un ejercicio cuasi epidérmico para adentrarnos y adentrar a quienes aún no lo han hecho en un tema que nos compete a todos los paraguayos. La reforma agraria, su lucha, los objetivos, el asistencialismo estatal y otros temas paralelos que hacen a un todo que es digno de atención urgente.

Reforma Agraria.

Antes que nada tenemos que entrar a ver en que consiste la Reforma Agraria en si. La misma sería un conjunto de medidas de índole política, económica, social y legislativa, por citar algunos niveles de impacto. Esta serie de políticas lo que buscan hacer es eliminar los latifundios, es decir, las grandes parcelas de tierra en manos de unos pocos, y la baja producción agrícola en las tierras debido a falta de uso de tecnología para tal efecto. El traspaso de tierras es solamente uno de los componentes de la Reforma, que es mucho mas amplia y lo que busca es la inserción social de sectores que hoy se encuentran marginados de la modernidad de la sociedad, lejos de las comodidades básicas y alienados de todo tipo de contacto con la cultura o nuevas tecnologías.

La Reforma es una manera de buscar el reordenamiento sobre la tenencia de tierras. En nuestro país, la gran mayoría de las tierras pertenecen a una gran minoría. Este desfase es el que se busca atacar con le legislación reformativa de las estructuras del agro. Las tierras regaladas y mal habidas deben ser expropiadas, para ello hay que modificar la constitución, y las mismas deben ingresar a un programa parte de la reforma en donde se entreguen a los campesinos que verdaderamente la van a trabajar. No todas las tierras deben ser expropiadas y no todos los campesinos merecen tierras.

¿Qué solicita la Federación Nacional Campesina?

En su 16º marcha anual, la FNC solicitó por vía escrita una serie de puntos estratégicos en su lucha por la reivindicación de sus derechos, los más importantes, a mi parecer, fueron los siguientes, fuera del eje central que es la expropiación de tierras mal habidas claro está.

Solicitan que el gobierno condone, refinancie o redescuente las deudas de los pequeños productores que fueron afectados por la sequía. ¿Es correcto que el Estado se haga cargo? No. Vamos a ver, cualquier comienzo de una empresa exige tomar ciertos riesgos, en el negocio del agro las inclemencias del tiempo forman parte de ese riesgo. El productor es el que se debe de hacer cargo de las deudas generadas por los préstamos solicitados. Si le condonamos las deudas a los campesinos afectados por la sequía ¿que argumento usaríamos para los exportadores de carne afectados por los cierres de mercado para decirles que no? ¿Y a los importadores de vehículos de Chile afectados por la crisis mundial? Y una larga lista de etcéteras. El gobierno no puede condonar deudas por riesgos PROPIOS del negocio que se embarca.

Así mismo la FNC solicitó al gobierno un subsidio alimenticio para las zonas afectadas por la sequía. Aquí se puede argumentar que el hambre es un problema de salud pública y por mismo debe ser tratado por el estado. Se debe entregar víveres hasta que la sustentabilidad vuelva a los pequeños productores, este es un punto que el gobierno debe responder con celeridad inclusive.

La creación de nuevos asentamientos campesinos con acceso a todos los servicios básicos (agua, luz, educación, salud y vivienda). Es decir construir pequeños complejos habitacionales en los cuales pueden desarrollar sus actividades de agroproducción familiar. Esto me parece excelente, el gobierno debe generar las condiciones básicas para que los trabajadores del agro puedan desarrollar sus actividades dentro de un marco legal y con facilidades de acceso a los mercados de colocación de sus productos. Pero esto es más una utopía que una realidad. En la gran mayoría de los asentamientos campesinos el sector productivo no está nunca presente, son tiendas nada más en donde viven varias familias hacinadas, recolectando frutos y verduras para comer y realizando abigeatos para obtener carne. Los asentamientos están ubicados en los linderos de las grandes propiedades en donde sistemáticamente invaden y matan ganado para su consumo personal o para la venta. Negar esto es negar la misma realidad. Así como tampoco puedo negar que existen varios asentamientos campesinos (algunos indígenas también) que decidieron progresar, ser parte de la cadena productiva, generar sus ingresos y dejar de depender de la asistencia del estado, pero este tipo de asentamientos sigue siendo una enorme minoría dentro de los miles que existen hoy por todo el país.

El asistencialismo o la condena a muerte

Siguiendo con la línea del párrafo anterior el tema del asistencialismo es uno de los grandes responsables en el retraso de nuestro agro. En pocas palabras el asistencialismo es una serie de políticas de parche que sirven solamente para tapar los problemas del agro sin darle algún tipo de solución a corto, mediano o largo plazo. El asistencialismo condena a los pobres a la pobreza ya que los remunera por su condición de tales. Entrega periódicamente dinero y víveres a los pobres porque ellos son pobres y no los pueden comprar, condicionando la personalidad y mentalidad del campesino a ello, haciendo que las alternativas productivas sean poco atractivas. Es mejor esperar, no trabajar, seguir siendo pobre y que el Estado se haga cargo de ello. Durante toda la dictadura de Stroessner esta fue una política de amplio uso ya que de esta manera se silenciaba al campesino desplazado de sus tierras por los latifundios. Se les acostumbró a ser pobres e improductivos, ya que eso era un negocio, se recibía réditos del oficio de “ser pobre”, esto además generaba (y sigue generando) una enorme carga presupuestaria para el estado. Yo estoy en contra de este tipo de asistencialismo porque, como dije, condena al pobre a la pobreza y lo convierte en un eterno paria. Yo estoy a favor del asistencialismo que en lugar de dar dinero entrega semillas, educación técnica, capacitación constante y buenos precios de colocación de productos. Ese es el asistencialismo que funciona, y los asentamientos “modelo” previamente mencionados funcionan con el, está probado. Pero, una vez más, tenemos que dejar de intentar tapar el sol con un dedo, la gran mayoría de los que hoy se hacen llamar campesinos sin tierra están buscando el asistencialismo fácil, el que no exige nada. Es solo sentarse y ser pobres. Y acá no hay ningún discurso burgués, ni latifundista y mucho menos racista, es la simple realidad. La FNC debe hacer un profundo análisis de sus exigencias y adecuarse a lo que piden, los casos de venta de tierra de parte de los adjudicados con las mismas para ir a ubicarse de nuevo a los asentamientos no son nada raro, ocurren siempre y seguirán ocurriendo hasta que la entrega de tierras no esté condicionada a la producción en la misma y que esto sea fiscalizado como corresponde.


La expropiación, una necesidad

El estado debe recuperar las tierras que perdió, ya que fue el estado el que las entregó, en anteriores gobiernos, a los cuates de turno, a las corporaciones amigas, a los mismos políticos que estaban gobernando el país, y todo a precios irrisorios e inclusive nominales. Durante la dictadura de Stroessner se dieron los mayores casos, las grandes familias amigas del poder fueron adjudicadas a dedazo con las mejores parcelas de tierra del país. ¿Son estas las tierras que se deben expropiar? Es una pregunta que es difícil de contestar, por un lado existe un mecanismo legal que hoy impide tal acción, se debe modificar la constitución para poder hacerlo. Además las tierras que deben ser expropiadas, tan como lo solicita sensatamente la FNC, son las latifundistas e improductivas, esos extensos campos de tierra que no se trabajan y que nada mas engrosan el activo de ciertos patrones amigos de los gobiernos anteriores. Recordemos que uno de los principales puntos de toda la reforma es el de maximizar la producción de la tierra, para ello se necesita trabajar cada mt2 que sea productivo. La expropiación debe de hacerse de manera progresiva, ya que esto generaría un costo al estado en indemnizaciones. No soy partidario de la expropiación sin indemnización, esto es simple y llanamente robo y es una táctica de gobiernos que se hacen llamar “socialistas” pero que en realidad son populistas, panfleteros y que solamente expone al estado a demandas y a una imagen internacional que nada hará para atraer inversores extranjeros.

Una vez que se vayan expropiando las tierras adecuadas las mismas, siguiendo un sentido racional lógico, deben ser entregadas a las personas adecuadas, a campesinos sin tierra debidamente identificados que demuestren intención manifiesta de trabajar esa tierra, se les debe hacer firmar un contrato en donde una de las cláusulas exija que la tierra debe de ser trabajada y que no puede ser vendida hasta pasados N años. A este grupo de personas el estado debe de proveer de toda la asistencia técnica posible para que puedan entrar en el circuito de producción, se debe alentar desde los mercados la adquisición de dichos productos y nosotros como consumidores y paraguayos debemos hacer nuestra parte dándole prioridad a los productos nacionales, si son los producidos en estos “nuevos asentamientos” pues mucho mejor. No se puede seguir dando tierras a quienes nada mas la venden, dilapidan su dinero y vuelven a colocarse en la fila de “pobres” en los asentamientos para seguir viviendo de la ubre del estado, nada más porque es más cómodo. Hay que eliminar las opciones para que los que no quieren trabajar vivan del estado, todos tenemos que empujar el carro, todos debemos ser parte de la masa productiva.

La lucha social como reivindicación de derechos

Esta lucha es evidentemente social, ya que hay una clase, la agroproductora no industrializada, que fue y es victima de los gobiernos. Negar esto, de nuevo, seria negar la realidad. Ningún gobierno contempló políticas reales para dar una solución al origen del problema, de nuevo, solamente aplicaron parches que al poco tiempo mostraban su condición de inútiles. Las marchas son un recurso legal para que expresen su situación y su opinión sobre las soluciones posibles. Y está bien. Pero la llamada “lucha social” también tiene un costado que está al margen de lo legal, las invasiones de propiedades privadas, las quemas de maquinaria, las amenazas a los propietarios, la toma con armas de los edificios, los abigeatos, etc. Todo esto en nombre de la “lucha social”, a muchos podrá molestarle esto pero eso de lucha social no tiene nada, es simple y llano vandalismo, son hechos punibles por el código procesal penal y en nada contribuyen con la verdadera causa de la lucha social. Transformar la lucha social en una lucha de clases es algo extremadamente peligroso y muchos llamados dirigentes campesinos, desde sus parlantes, incitan a las invasiones y al abigeato porque esa es la única manera de que el gobierno les escuche, error. Además muchas de las invasiones se producen en propiedades de no latifundistas, en propiedades de personas que no tienen la capacidad de contratar “sicarios” para espantar a los invasores, causando perjuicios a personas que no tienen nada que ver en esta lucha. Aunque para muchos “luchadores sociales” el simple hecho de poseer un pedazo de tierra ya es una afrenta a su causa. Este tira y afloje cargado de epítetos lo único que hace es lanzar al éter un mensaje erróneo sobre la verdadera lucha que debe llevar a cabo el campesinado paraguayo, el odio al terrateniente está presente en muchos grupos en donde este se transforma en un paradigma y a partir de ahí los bordes se ponen borrosos y cualquiera puede ser victima de esta lucha de clases. Hay un error conceptual en los reclamos de muchos llamados dirigentes campesinos, muchos de ellos cargados de causas penales, aunque no me sorprendería que los excusen diciendo que las mismas son producto de la maquinaria burgués latifundista, que a viva voz condenan al productor, lo satanizan, lo transforman en el enemigo, por el simple hecho de habérselas jugado y apostado al campo, adquirido maquinarias, etc. Estoy hablando del productor masivo honesto, del que compro la tierra como se debe, del que trabaja todos los días el campo, no del señor latifundista, este debe ser expropiado, pero para algunos líderes campesinos no existen diferencias entre uno y otro, son todos el enemigo.

Consideraciones finales

El Presidente Lugo debería de dar prioridad a la Reforma Agraria, es una inversión a mediano o largo plazo pero que algún gobierno tiene que dar el primer paso para ello. Somos un país netamente agroganadero y debemos fomentar estos negocios con políticas claras y tratando de arreglar, en el proceso, errores de gobiernos anteriores. Se debe buscar de lado el dialogo antes que la lucha armada, todavía, aunque no lo crean algunos sectores, existe espacio para el dialogo entre las partes, las épocas en donde la lucha con palos y piedras conseguía cambios en las políticas de estado ya han pasado, hoy esa lucha no sirve, se debe exigir con los recaudos legales, marchas, huelgas, etc. No se debe transformar esto, jamás, en una lucha de clases, que solamente genera confusión y mancha de odio una lucha que es más que justa, pero para ello todos los participantes deben sincerar sus posturas y dejar los egos de lado.

La Reforma Agraria en el Paraguay es algo posible, va a llevar unos años pero si todos hacemos lo que tenemos que hacer, si el Estado corrige sus errores y si la FNC premia al trabajador todos vamos a salir adelante. Es cuestión de trabajo, de mucho trabajo.

Slds.

Liam

miércoles 18 de marzo de 2009

El precio de la victoria


Me gustaría creer que la gran mayoría de nosotros se veía venir esta situación. Era el precio a pagar por enviar a la “llanura” a la ANR, nada es gratis en esta vida y mucho menos en el cruel escenario que es la política, y mucho más en un país bananero politicoide como el nuestro. La victoria de Lugo en las elecciones del 20 de Abril del 2008 vino con un costo político alto llamado ingobernabilidad, esto significa que la ANR, en su condición de despojada del poder luego de sesenta años de caprichos, a costa del crecimiento y avance del país, iba a mover todos los hilos posibles para hacer que el nuevo gobierno fracase en su tarea, y lo está haciendo con ganas.

Obviamente que este nuevo gobierno tropieza con su propia torpeza causada por malas elecciones de gabinete, inexperiencia política y aliados con vicios iguales o peores que sus predecesores, pero todo ello todavía forma un “paquete de daños” de menor peso que el provocado por la pichadura de los popes de la ANR que no soportan ver que los dueños de la pelota ahora son otros. La ANR, como siempre, antepone su vuelta al poder a los intereses y necesidades, por sobre todo, del país y se niega a conversar o apoyar cualquier iniciativa del gobierno para poder capear la tormenta dejada por seis décadas de practicas oscuras en el manejo del estado.

Convengamos que tomar las riendas del Paraguay que dejó Nicanor no es una tarea fácil, se necesitarían por lo menos cuatro o cinco gobiernos consecutivos con las mismas políticas económicas y sociales para poder revertir el estado de emergencia completo en el que nos vemos sumergidos, son tantos los aspectos que mejorar que sería imposible hacer un listado de ellos sin ponerse a llorar en el proceso. Esta tarea se hace aún más difícil ya que la gobernabilidad pasa por las cámaras alta y baja del senado antes que por las decisiones del presidente en sí, y es ahí, en Senadores y Diputados, en donde la ANR hace sus maniobras chicaneras que traban por completo la aprobación de créditos para el desarrollo, la promulgación de leyes que permitan manejos más flexibles en entidades que necesitan realizar acciones correctivas urgentes, etc. La ANR con Nicanor a la cabeza busca por todos los medios posibles que el gobierno de Fernando Lugo fracase para poder erigirse como los únicos capaces de “gobernar” este país.

En cierto sentido tienen razón ya que durante todos los gobiernos colorados, y más aún durante la dictadura, las personas encargadas de tomar las decisiones políticas se encargaron de anteponer los intereses partidarios y particulares a los del pueblo, esto creo una estructura viciada desde sus mismas fundaciones, esto dicho en un sentido arquitectónico, llena de trucos y mañas que no sabe trabajar de otra manera. Al desprenderse a las instituciones del partido colorado queda un vacío operacional que no puede ser manejado de otra manera sino con los vicios anteriores, hoy las instituciones deambulan como zombies sin un norte fijo ya que el manejo del gobierno de Lugo no permite, en tanta medida al menos, que las marañas internas que eran costumbre tomen rumbo de nuevo. La ANR, con su vuelta, reinstauraría el anterior sistema de prebenda y corrupción y las instituciones, hoy lentas y trabadas, serían de nuevo ágiles, para la muchachada, obviamente.

El Partido Colorado, Nicanor y todos los que hoy comparten fogones en la llanura tienen los mismos vicios dentro, no nos confundamos con falsos discursos esperanzadores. La ANR no ha hecho los deberes y en unos pocos meses de ausencia en el poder no se corrigieron los vicios de sesenta años. No compremos la imagen de “nuevos colorados” con conciencia social, es toda una mentira para poder volver al poder lo antes posible y, de nuevo, saquear los bolsillos de todos para poder seguir construyendo mansiones y adquiriendo estancias mientras los pobres son cada vez más pobres y mas ilusos. La ANR demuestra esta actitud egoísta todos los días, cuando deja sin quórum a las cámaras cuando se deben tratar los planes de gobernabilidad, cuando se niega a conversar con Lugo sobre el plan anticrisis y una larga lista de etcéteras. Alguien que se comporta así no puede querer el bien de todos sino el de pocos, los de su clase, como siempre fue.

La ANR sigue mintiendo, solo que ahora lo hace desde la llanura, en donde se viste de cordero pero sigue mostrando la cola de lobo por debajo del disfraz.

Slds.

Liam

lunes 16 de marzo de 2009

Matemos a los dioses

Uno de los principales retos que tenemos como seres humanos para poder seguir en la senda del desarrollo social, tecnológico y económico es el de despojarnos de los paradigmas antiguos que nos rodean y que nos mantienen sujetos a un yugo que no nos permite tener la comodidad ni el juego de cintura necesario para seguir avanzando. Durante todo el trayecto evolutivo el hombre se ha ido desprendiendo de ideas que eran propias de la época en donde fueron gestadas y las ha ido reemplazando por pensamientos más acorde al momento actual. Estos, a su vez, fueron reemplazados por otros y así sucesivamente. El hombre nunca dejó de modificar su manera de pensar, adecuándola siempre al momento histórico que vivía, siempre buscando la supervivencia como meta final.

El hombre se ha despojado prácticamente de todo lo que lo ataba a una condición primitiva exceptuando a la religión. El hombre, en un gran porcentaje, sigue apegado las mitologías y leyendas propias de las religiones que abundan por el globo, cree en libros que contienen fábulas totalmente inverosímiles y las convierte en verdaderas mediante un proceso llamado “fe”. La fe transforma lo increíble en creíble, lo llanamente ridículo en algo verdadero y lo sencillamente descabellado en un acto cotidiano. La fe hace milagros dicen los religiosos, y el principal y único milagro que yo puedo endilgarle es el de hacer que hombres y mujeres inteligentes y aparentemente racionales puedan creer como ciertas las fabulas, cuentos y mitos encerrados en volúmenes escritos hace no mas de cinco mil años de antigüedad como máximo en el caso del catolicismo, que es la religión que más me toca vivir de cerca ya que es la predominante en nuestro país.

De niños creemos en Papá Noel y los Reyes Magos hasta cierta edad, lo hacemos porque somos inocentes, porque nuestra mente es un pastizal verde y hermoso en donde las fabulas como estas pueden crecer y echar raíces profundas que luego serán arrancadas de un tirón cuando nos enteramos que no, que nuestros padres eran los de los regalos, no seres míticos en camellos o un viejo barbudo volador, eso no tiene sentido una vez que lo pensamos, nos sentimos hasta tontos por haber creído algo que no tiene el más mínimo sentido lógico. Pero, curiosamente, creer en un ente todopoderoso, ubicuo, y, como dice Bill Maher, “en una serpiente parlanchina y en el hijo de una virgen” es algo que mucha gente nunca deja de hacer, aunque tenga el mismo componente fantasioso e ilógico que los anteriores ejemplos. No, creer en dios está bien, creer en Papá Noel te hace un retardado. Pero en realidad creer en uno o en lo otro es indistinto, estamos creyendo en una fabula antigua, traspasada de boca en boca que no tiene un ápice de verdad y que nada más sirve para responder a preguntas que nadie quiere en realidad responder, sea por falta de espíritu de investigación o por simple comodidad.

El problema de una sociedad religiosa es que las mismas fueron creadas en momentos en donde el ser humano tenía un total desconocimiento de dos aspectos fundamentales de nuestra vida, no conocía el funcionamiento del mundo y la muerte le era un enigma imposible de responder. En base a estas dos ausencias de conocimiento se gestaron las religiones, como bálsamo para dar algún tipo de consuelo y como tapón para llenar un vacío dejado por la falta de conocimiento científico. En ese momento funcionaba bien, los eclipses de sol eran luchas de los dioses, las lluvias eran una gracia de dios, había que realizar un ritual para que las cosechas vayan bien, etc. Se creo toda una estructura en la cual los dioses eran responsables de todo lo que le ocurría a la humanidad, y en el momento funcionaba. A partir de la llegada del conocimiento científico, digamos que a partir de Galileo Galilei, finales de 1500, la humanidad sufre un cambio, la ciencia comienza a esclarecer, paulatina pero progresivamente, los misterios fueron recibiendo luz científica, en lugar de la divina, y descubrimos que, por ejemplo, la tierra no era plana y que tampoco era el centro del universo. Cárcel y palo para Galileo, excomulgado y humillado hasta la muerte, le pedimos perdón 450 años después y listo. La ciencia, con el correr de los siglos, fue echando luz a todo lo oscuro de la religión, fue aclarando todos los enigmas que hicieron que haya una necesidad de religión, pero la misma sigue como esquema mental en una gran parte de la población que niega a la ciencia como elemento esclarecedor y sigue creyendo que la humanidad surge de un deseo divino y no desde el Big Bang, solo por citar un ejemplo.

Hoy no existe una necesidad de religión, la moral y la ética son adogmáticas, no forman parte exclusiva de una creencia. La moral y la ética están formadas por las experiencias sociales, por el reconocimiento de nosotros como seres humanos nacidos iguales, con los mismos derechos y obligaciones. Seres humanos que necesitamos direccionar nuestras fuerzas en dirección a la supervivencia de la especie por sobre fabulas antiguas que están intoxicando las mentes de los creyentes. Creyentes que confían en eventos como el Gran Rapto, el Apocalipsis y las plagas, y son estos creyentes los que llegan a cargos de poder (ver Bush Jr.) y que a través de sus políticas militares basadas en “lo que Dios quiere…” generan guerras, muerte y destrucción, las mismas señales que aparecen en la biblia. En síntesis de tanto creer en el Apocalipsis lo están generando ellos mismos, una profecía autocumplida. Son las religiones, con sus libros sagrados cargados de odio al prójimo y al “infiel”, las que desde siempre han matado millones de personas, son los que oyen las voces de un dios inexistente en su mente las que tienen el peso de las tragedias mas grandes sobre sus hombros, son esos dementes que cegados por los paradigmas de un esquema de perversión mental como es la religión los que están acercando cada día más a eso que tanto desean, que es el juicio final, la venida del mesías para buscar a los buenos y enviar al infierno a los que no creímos en el. Estos son los peligros de la religión, que las personas que tienen el poder en sus manos son las que todavía creen en fabulas milenarias que carecen de total lógica.

Yo espero que los que hoy tienen dudas sobre su religión terminen matando a sus dioses, antes de los dioses, y sus seguidores, nos terminen matando a nosotros. Y si alguno de ustedes cree que soy igual de extremista que los religiosos que matan en nombre de dios al pedir que maten a sus dioses les digo que se queden tranquilos, que en realidad es una metáfora, ya que es imposible matar lo que no existe. Debemos alejarnos de la religión para poder seguir viviendo y creciendo como sociedad. Nuestra descendencia nos lo agradecerá.

Slds.

Liam